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8 de diciembre de 2010

Es sentir

Ayer empecé en un grupo nuevo dedicado exclusivamente a principiantes. Resulta que en los grupos a los que asistí estaban muy avanzados respecto de mí que recién me animo a esta aventura de escribir. Los participantes, ya escritores experimentados, ya se encuentran revisando cuestiones de estilo, "puliéndose" digamos, pero sin ningún problema estructural que, en mi caso, es evidente.

Por eso, aproveché la oportunidad y me sumé también a este nuevo taller que desde el primer día arrancó con todo. Estuvimos charlando a partir del cuento que envió un compañero acerca de un tema religioso del cual se refería como quien se sabe que está bien empapado en el tema. En estos casos es cuando me pregunto cómo hacer para tener más "Cultura General".

Una vez más el coordinador nos cautivó con el análisis tras la lectura del cuento. Haciendo sugerencias, marcando errores, dando ejemplos... Está comprobado: se sale de ese taller con unas ganas de escribir desbordantes. Ni hablar de leer!

No sé si les conté, pero en la sala donde tenemos el taller, estamos rodeados de libros de todas las épocas y autores, muy acorde con el clima que uno quiere encontrar en estas reuniones: es como estar en una burbuja, afuera dejamos la rutina, la realidad nuestra de cada día, y tenemos alrededor un escudo de libros que nos cobija invitándonos a quedarnos. Es un pequeño mundo al que estoy feliz de pertenecer.

Se habló mucho ayer de las sensaciones, de "hacer sentir" al lector. De pasar de lo abstracto a lo concreto, de "decir" a través de las acciones de los personajes, para que el lector se meta en la historia que queremos contar y complete el ejercicio. ¿Cuál ejercicio? El del escritor de mostrar, sugerir y el del lector de interpretar, de recibir ese bombardeo de sensaciones. Sería ésa una dupla impecable.

Para lograrlo, lleva años de trabajo, no sucede de la noche a la mañana. No es tan simple "decir" sin decirlo expresamente. Sugerir es aún más difícil. Pero bueno, estoy de acuerdo en que es el camino por excelencia para un escritor. Un buen escritor no escribe para sí mismo sino para que otros lo lean y no se duerman en el intento. Esa fue mi conclusión.

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