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18 de febrero de 2011

Poniéndole onda

Tanto tiempo desaparecida pero acá estoy. [Obviemos los reproches por favor].

Estuve de vacaciones en Salta como les habré anticipado más o menos 30 veces antes de mi fecha de partida y, como todo momento bonito, llegó a su fin muy rápido y sin pena ni gloria, porque ya estoy planeando mi próximo fin de semana largo.

Así las cosas, una 1/2 semana en Baires me sirvió para aclimatarme a los olores porteños del subte, la ropa al estilo body painting al salir del subte, las corridas para llegar a todos lados (tarde) y la alimentación más sana... digamos: la rutina diaria. Ah, y para querer huir nuevamente.

Sin embargo, tengo que quedarme y ocuparme de los tantos proyectos que andan rondando por ahí y mis obligaciones (leáse: trabajo).

Déjenme confesarles que en tema de lectura y escritura, las vacaciones fueron un total fracaso. No toqué un libro (aunque volví con 3 más) y no escribí una sola página del pretendido diario de viaje. Quizás sea un indicador de que las cosas tan planeadas aburren o simplemente, que mi mente también se tomó vacaciones.

Así que dejo las cosas fluir en lo que resta del año, más allá de que mi genio insiste en que me organice todo el año.

Por el momento, tuve ganas de volver a ser alumna de la UBA así que me anoté en un curso de Derecho Previsional que dura tan sólo 3 semanas: los martes, jueves y viernes de 19 a 22 hs. Salgo con la cabeza quemada pero no me quejo porque me gusta (bueno, igual me quejo).

Después de todo, tenía que avisarle a mi cerebrito que la altura ya no podía usarse como excusa.

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